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El Premio Nacional de Cine y su sintonía con el espíritu de la nación

El insigne Don Fernando Ortíz, al definir en 1949 la cualidad de lo cubano en “Los factores humanos de la cubanidad”, expresaba:

“La cubanidad no puede depender simplemente de la tierra cubana donde se nació ni de la ciudadanía política que se goza. (…) Y a veces se sufre. (…) La cubanidad es principalmente la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. Dicho en términos corrientes, la cubanidad es condición del alma, es complejo de sentimientos, ideas y actitudes. (…) La cubanidad plena no consiste meramente en ser cubano por cualesquiera de las contingencias ambientales que han rodeado la personalidad individual y le han forjado sus condiciones; son precisas también la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser.”

Según el historiador Jesús Arboleya, en un artículo de Progreso Semanal reproducido por medios y blogs cubanos, como La Jiribilla:

“fue en la emigración donde se produjeron buena parte de las grandes obras de la época colonial y se expresaron muchos de los principales intelectuales y artistas cubanos de esta etapa, siendo José Martí el más destacado de ellos. El proceso continuó durante la primera mitad del siglo XX. Muchos intelectuales y artistas cubanos vivieron parte de su formación en el extranjero y alcanzaron relevancia internacional fuera del país.”

Y continúa:

“no existen razones para excluir del concepto de cultura nacional a un intelectual cubano que vive en Francia y escribe en español, a un músico emigrado que toca rumba en Alemania o a un pintor cubano que radica en México.”

El intelectual cubano Ambrosio Fornet (en “Narrar la nación”, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2009, p. 243) ante el tema de la cultura cubana en la emigración y la relación del país con los intelectuales y artistas que viven en el extranjero, describía la misma como una especie de “nacionalismo excluyente”, donde los revolucionarios cubanos descartaban de la cultura nacional la producción artística y literaria que se realizaba fuera de la isla, ya que el que abandonaba el país “dejaba de ser cubano”.

El 14 de abril de 2009, el entonces Ministro de Cultura de Cuba Abel Prieto Jiménez, en una extensa entrevista para el sitio Cubainformación, ante la siguiente pregunta: “¿Qué relación existe entre los intelectuales y artistas cubanos que están fuera del país con los que trabajan y viven en la isla y cómo se articula desde las instituciones culturales esa relación?”,

afirmaba:

“Nosotros, desde hace algunos años, hemos adoptado una política -que creo que ha sido muy útil- de no excluir a los artistas que viven fuera de Cuba de nuestro trabajo de divulgación y promoción, y de separar, incluso, la posición política del artista del aporte que han hecho a la cultura cubana. Es decir, resulta absurdo pensar que, porque alguien se muda y se va de Cuba, ya lo que haga deja de ser cultura cubana. (…) artistas emigrados, que nos pertenecen, aunque no estén, y forman parte irreversible de nuestro acervo cultural.”

En el panel “Cultura y emigración”, convocado como parte de los ciclos de debates de la revista La Jiribilla (Casa del ALBA Cultural, La Habana, 6 de febrero de 2013), Ileana Soroya manifestaba:

“Espero tengamos la posibilidad de ver nuevos estudios sobre la migración cubana, su presente y futuro, con una utilización más objetiva del lenguaje, de la terminología académica y política, adecuada a las condiciones que nos abren las nuevas regulaciones migratorias en términos de no emigración, no retorno; con una creciente y cada vez más fructífera para el país migración circular, de acuerdo a la historia y la tradición migratoria nacional.”

En esta misma publicación, el periodista y jefe de la página cultural de Granma, órgano oficial del diario del Partido Comunista de Cuba, Pedro de la Hoz, expresó:

“Ha habido listas negras, estigmas e interdicciones (de los emigrados) que nos privaron de una comprensión integral del cuerpo de la cultura cubana”.

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En el blog “Segunda Cita”, del cantautor Silvio Rodríguez, se publica un articulo de Esteban Morales donde señala:

“Un grupo importante de cubanos, hacia un futuro no lejano, compartirán su vida entre Cuba y los Estados Unidos (…) Situación para la cual debemos “modernizarnos”, evitando al máximo los esquemas de plaza sitiada, de mentalidad policíaca, prohibiciones innecesarias, esquematismos burocráticos, sacrificios impuestos y otros que hacen aun de nuestra sociedad algo muy cerrado, que ni los propios revolucionarios somos capaces de soportar. (…) Por eso es tan importante y tan inteligente lo que Cuba ha hecho al variar las regulaciones migratorias, dejando que se junten todos los que quieran juntarse, aquí o allá. (…) Las facilidades que nos ofrece la cuestión migratoria, las debemos aprovechar para rescatar todo lo que sea rescatable, de nuestra relación entre cubanos. Tanto si viven en Cuba como en los Estados Unidos o en otros lugares.”

En octubre de 2014, el actual Ministro de Cultura Julián González Toledo, ofrece estas declaraciones a CubaSí:

“Hay muchos artistas que como parte de su carrera viajan, se presentan en escenarios internacionales, conocen otras realidades, residen en el extranjero durante periodos de tiempo. La cultura cubana se ha nutrido de esas experiencias, desde sus años fundacionales. Piensa en nuestros grandes artistas, en los imprescindibles: Alicia Alonso, Wifredo Lam, Alejo Carpentier, Benny Moré, Virgilio Piñera, Rosita Fornés, Chano Pozo, Vicente Revuelta vivieron en otros países y es evidente que su obra es auténticamente cubana”. Y agrega: “Nuestra política hacia los artistas emigrados es inclusiva, tiene que ver con la visión integradora de nuestra cultura.”

El 20 de febrero de 2013, en la Feria Internacional del Libro de La Habana, Roberto Zurbano, ensayista y por entonces director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, consideró que el “proyecto nacionalista que se refleja en la cultura de la Isla es excluyente”, y recomendó entregar a personalidades residentes fuera de Cuba premios nacionales como los de música y de literatura.

Días después, el realizador de cine Ian Padrón, circuló una carta abierta en la que pedía a la dirección del Instituto de Cine de Cuba (ICAIC) que considerara al actor Reynaldo Miravalles, residente en Miami, quien se encontraba en Cuba actuando nuevamente para un filme producido por la propia institución y dirigido por Gerardo Chijona, para su Premio Nacional de Cine.

Según sus palabras: “Miravalles es un maestro imprescindible a la hora de narrar la historia del cine cubano. (…) Ha dado su vida por el cine de Cuba… y por no residir en Cuba… no es elegible para el Premio Nacional de Cine. (…) Si queremos una Cuba ‘Con todos y para el bien todos’, honremos a las personas que forman parte de la Ceiba Madre de nuestra cultura y abracemos a todos los cubanos de bien; vivan donde vivan y piensen como piensen.”

El 15 de diciembre de ese mismo año 2013, Reynaldo Miravalles recibió un Coral de Honor durante la clausura de XXXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en la sala Charles Chaplin del propio ICAIC.

Hoy, en febrero de 2016, leo la Convocatoria al Premio Nacional de Cine 2016, donde reza:

“Este Premio, que se entregará este año por decimocuarta vez, se otorga anualmente a un creador cinematográfico vivo y residente en Cuba, vinculados a las distintas áreas de creación del séptimo arte, por su trayectoria y el conjunto de su obra, las que han de constituir un significativo aporte al desarrollo de la cinematografía y la cultura nacionales. El Premio tendrá en cuenta los logros más relevantes del artista, tanto por su trascendencia estética como por su proyección nacional e internacional.”

Definitivamente, creo que se deberían trascender de una vez y por todas esos arcaicos límites territoriales para otorgar el mayor reconocimiento en vida a sus pilares más sólidos, y ponerse en sintonía con la política cultural y migratoria del país, explicitada por sus mayores autoridades.

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