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Se llama Marina / Se llama Daniel y es Una mujer fantástica

Una mujer fantástica - Daniela Vega

Una aguda reseña del crítico, poeta y dramaturgo Norge Espinosa, en exclusiva para ELCINEESCORTAR, sobre el filme chileno “Una mujer fantástica”, nominado a los Premios Oscar como mejor filme extranjero.

Prohibida su reproducción total o parcial en otros medios digitales o impresos sin la autorización expresa de este sitio y del autor.

Una mujer fantástica cartel posterMientras otras cinematografías se demoran en fábulas explicativas, o que acaban dejándose llevar por un afán melodramático que ayuda poco a estas historias, van apareciendo en varios puntos de Latinoamérica filmes donde el homosexual, la lesbiana, el paciente de VIH-Sida y las personas transgéneros son no únicamente protagonistas, sino rostros más allá de timideces o posibles excesos.

Títulos como “Praia do futuro” o un documental tan contundente como “Morir de pie” son ejemplos de esa otra manera de radiografiar determinadas biografías, que nos dan aliento cuando se trata de olvidar, tan rápido como se pueda, piezas tan endebles como “Fátima, reina de la noche” o el acento dulzón y conciliador de “Azul pero no tan rosa”.

Para los cubanos, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano ha sido una puerta que, cada vez de modo menos reticente, nos ha dejado saber de esas estrategias, de esos manifiestos que en términos cada vez menos sumisos, saben hacerse de un sitio no solo a la hora de los premios, sino también en la memoria del espectador.

En esta última cita del evento, en el que también pudieron verse un honesto documental donde Chavela Vargas narra sus desamores y tragedias con la entereza con la cual nos desgranaba una canción, o donde pudo verse “120 pulsaciones por minuto”, el filme sobre el activismo del ACT UP en la Francia de los 90, también nos sorprendió una película chilena que logró incluso lo que no pudo conseguir la obra de Roger Campillo: ganar una candidatura a los Premios Oscar. No quiero creer que sucede por simple seguimiento a la moda que en los Estados Unidos de América tiene ahora mismo el asunto de la transexualidad, aunque algo de ello pueda haber influido. Quiero creer que la película, sencilla y transparente en su puesta en pantalla, lo consiguió por mérito propio.

Una mujer fantástica Chile

La trama de “Una mujer fantástica” (dirigida por Sebastián Lelio, con guion suyo y de Gonzalo Maza), sigue los pasos de Marina, cuyo amante, un hombre que le lleva 20 años de edad, fallece de manera inesperada, justo cuando la relación entre ambos parecía hacerse más sólida. La pérdida de Orlando (Francisco Reyes), la deja en un estado de abandono legal y espiritual del cual se aprovecha la familia de ese señor con el que estaba a punto de irse por diez días a las cataratas de Iguazú.

El filme relata, y más bien delata, afortunadamente sin ánimo de simple periodismo, todo lo que un ser humano carente de ciertas garantías debe afrontar en situación como esta. Una y otra vez se repite esa historia: y por lo general, por desgracia, quien sobrevive, si es parte de una relación homosexual o, como en este caso, de un concilio que tiene a una persona transexual como uno de sus protagonistas, queda a merced de eso que abunda tan poco: la bondad o la comprensión de otras y otros.

Marina, interpretada por Daniela Vega junto a un elenco sólido, trata de reajustar su vida, y va entendiendo que ante la falta de quien le protegía y le amaba, para los demás vuelve a ser una especie de monstruo inexplicable, un sobrante que debe dejar espacio a la normalidad, o a la idea que ello que sigue siendo sostenida por leyes, o falta de ellas, en un contexto donde homofobia e iglesia se dan la mano en un acuerdo radicalmente conservador.

Una mujer fantástica - Daniela Vega

Una mujer fantástica” se juega las cartas para hablarnos de esas políticas, de las necesidades de nuevas políticas que protejan a alguien como Marina. O Daniel, hasta que sus trámites de identidad se resuelvan, mientras ella no deja de entrenar sus puños, o encuentra tiempo en el dolor para cantar arias belcantistas, concebidas para castratis, en siglos donde para ellos se imaginaba la posibilidad de una voz también extraordinaria, aunque en su primera aparición nos deje oírle entonar nada más y menos que Periódico de ayer, aquel hit de Héctor Lavoe.

Cuando se habla de los derechos de las personas de la comunidad LGBTIQ, y cuando se ignora la necesidad de esos derechos, colocados en segundo o tercer plano según la voluntad de proceso o retroceso de ciertas agendas públicas, se habla esencialmente de biografías. De hojas de vida en la cual una determinada figura, la de ese sujeto “salido de la norma” tiene que hallar espacio para respirar y sobrevivir a despecho de la carencia de todo lo que debiera protegerle: estigmas, rechazo, odio, impunidad con la cual otros se creen en plena libertad para agredirles y hacerles desaparecer del mapa.

El guion, con su afán coloquial, sin discursos altisonantes, detalla esos pasajes de tanta desprotección y de las tantas expresiones del acoso. Marina es negada como mujer, como pareja con acuerdos establecidos con su pareja, y observada como presunto criminal y tratada como tal incluso por esos que dicen estar ahí para brindarle un amparo tan hipócrita como hiriente.

Todo lo que la protagonista ha querido ser, y de algún modo estaba obteniendo, se desmorona en unas horas de hospital, y “Una mujer fantástica” nos expone sin necesidad de frases lastimeras el retorno en solitario del personaje hacia sí mismo.

En el filme están la comisaria hija de puta, la ex mujer y el hijo de Orlando, los que insultan a Marina cuando ella intenta acudir al funeral de su amante y llegan a algo peor, el que reprime sus auténticos deseos tras una máscara de poder: hemos visto todos esos rostros alguna vez. La película nos advierte, a los que somos parte de esa comunidad, que hay que estar mejor preparados para semejante batalla. Y que luchar por los derechos que deberían asistirnos en esas circunstancias no es una línea más en la demorada visión que algunos tienen del país y de nosotr@s, sino una pelea en la que no deberíamos perder otro instante.

“Soy lo mismo que tú”, le dice Marina al hijo de su amante cuando este irrumpe en el apartamento que compartían como pareja con ánimos de echarla. La ex mujer de Orlando le suelta en la cara que todo eso es “pura perversión no más”, minutos después de que escuchemos a Aretha Franklin, en la inteligente banda sonora, cantar “(You make me feel) like a natural woman”, el clásico himno de Carole King.

“Voy a sobrevivir”, le dice con un abrazo a su hermana. Y eso hace, y es por ello que en verdad es una mujer fantástica.

Una mujer fantástica Chile

Libre de afeites, la película progresa con seguridad hacia los momentos climáticos, y solo en algún punto (como esa secuencia en la cual Marina avanza contra un corriente de aire), se acerca a imágenes que pecarían de metafóricas para ilustrar algo que ella, con su mirada en el espejo callejero, ya nos ha dicho. Acaso no las necesita, porque en su ir a la médula está su mayor fuerza.

A diferencia de otros personajes que podrían enlazarse a este, Marina no reclama piedad ni rehúye ciertos desafíos. Es una extraordinaria combinación de lo que hay en ella del hombre que fue y lo que ha salvado para la mujer que quiere ser. Guerrear por la custodia de Diabla, la perra que Orlando le regaló, no es un detalle simple. Lanzar un último golpe de boxing antes de irse a cantar a Handel, tampoco.

En esos atisbos, Marina encuentra y nos revela toda la fuerza de su presente y su futura identidad, como en mi plano preferido, cuando la vemos sentada al fondo, aferrada a los tubos del ómnibus, lista para irse a la parroquia (La Sagrada Familia, se llama) donde está el cadáver de quien le amara, con la mirada cargada de toda la fuerza que ha debido contener hasta ese momento.

El guion, que cuenta además con la asesoría de Eliseo Altunaga y Guillermo Calderón, uno de los más firmes talentos del teatro chileno, juega con las claves del suspense (la llave que Orlando deja en las manos de Marina), y también nos presenta a rostros más amables, como el propio hermano de ese hombre cuya desaparición le arrebata tanto a la protagonista. Para encontrar el secreto que quizás esté tras esa llave, Marina apela a su cuerpo, y gracias a eso traspasa puertas vedadas.

Lo fantástico, para alguien que espere una explicitación del título del filme, se revela en los imposibles encuentros de los amantes, en el modo rápido y no menos cruel con el cual, tras esas visiones, la realidad acaba imponiéndose de golpe. “¿Tú te operaste?”, le preguntan en una escena. “Eso no se pregunta”, responde ella. El misterio de su cuerpo es también su fortaleza. “Una quimera”, le dicen que es. Resiste esos golpes, uno tras otro, con una dignidad que no se doblega. Se imagina bailando como diva de discoteca. Se completa ante el público cuando entona “Ombra mai fu”.

Una mujer fantástica - Daniela Vega

“Una mujer fantástica” se organiza mediante secuencias generalmente cortas, en las cuales el rostro de Marina es la clave recurrente: cómo vive su duelo, cómo se recompone tras el golpe tan inesperado y enfrenta con limpieza los insultos que, hasta de modo inconsciente, le propinan los demás.

Nos recuerda que la persona transgénero es una suerte de “indisciplina” también verbal, porque al hablarle se deben tener en cuenta códigos que ese cuerpo en metamorfosis niega o revoluciona incesantemente. Que esa indisciplina sea su recurso para obtener las libertades que no deben negársele es algo que también la película, producida por Pablo Larraín, Gonzalo Maza, Juan de Dios Larraín y el propio director, subraya con agudeza.

De ahí los premios (Oso de Plata y Premio Teddy en el Festival de Berlín; Premio Especial del Jurado y a la Mejor Actriz ex aequo en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Goya a la Mejor película extranjera, tres en los Premios Fénix del cine iberoamericano, y tantos más en Lima, San Sebastián, etc), y una nominación como Best Foreign Film en la reciente edición de los Globos de Oro.

Valga anotar que al compartir el premio con Sofía Gala,  la protagonista de “Alanis” (de la argentina Anahi Berneri), Daniela Vega se convirtió, hasta donde creo saber, en la primera persona transexual en conseguir el lauro a la mejor labor interpretativa como actriz en la cita habanera.

En las entrevistas que ha ofrecido, la protagonista de “Una mujer fantástica” no solo se ha referido a su personaje, a su relación con el equipo de filmación y el resto del elenco; sino que, además, ha enviado mensajes de activísimo sobre su condición y quienes pueden compartirla con ella.

Adónde acudir, qué tipo de recursos poner en juego cuando la dignidad y la autoestima pueden fallar: se trata de un compromiso de vida no solo con esta trama y este rostro de ficción que se llama Marina.

“La realidad imita al arte”, nos decía Oscar Wilde en una de sus sentencias, y no resulta demasiado arduo comprobarlo de vez. “Ella ve los problemas como posibilidades”, dice Daniela de Marina.

Imagino que también para ella, a lo largo de su biografía y los 13 años de transición, esa clave le haya sido fundamental en términos de resiliencia, a fin de seguir adelante hasta en los momentos de depresión o incertidumbre.

Una mujer fantástica - Daniela Vega

© Isa Foltin/Getty Images

Lo que nos dice “Una mujer fantástica” es que todos podemos ser extraordinarios, no solo por la capacidad de asumir un cambio radical, sino por el modo, también, en que podemos luchar contra quienes se oponen a entender el por qué de esa transformación, que no sucede gratuitamente ni por capricho, y que sabremos imponernos a esas convenciones que pueden ser a veces actos de acoso y de violencia, pero no conseguirán doblegarnos.

A su modo, tan tranquilamente, sin aspavientos de blockbuster, “Una mujer fantástica” es una película de guerra, con su protagonista que da batalla.

Daniela Vega no tendrá la belleza de pasarela de una Gal Gadot, pero ni falta que le hace: ella es mi Wonder Woman preferida. Su resistencia es su máximo poder. Lo demostrará también mañana, porque sabe que la vida para ella continúa.

Una mujer fantástica - Daniela Vega

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