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Falleció Fernando Birri, uno de los padres del nuevo cine latinoamericano

Murió en Roma, Italia, a los 92 años, uno de los fundadores de “la utopía del ojo y de la oreja”.

Hoy es un día triste para el cine latino e iberoamericano. Se nos fue en Roma a los 92 años un señor muy viejo, fecundo en la vida y en el arte, con larga barba blanca y unas alas enormes.

Todas las generaciones de alumnos y los profesores que pudimos trabajar a su lado por muchísimos años en la anti-escolástica Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, de la que junto a Gabriel García Márquez fue fundador y primer director, lo recordaremos con mucho respeto y agradecimiento.

Nos permitió crecer como personas y como artistas, y crear en total libertad desde el más absoluto rigor. No por gusto decía a cada rato: El cine se aprende haciendo cine” o “Prefiero un sentido imperfecto a una perfección sin sentido”.

En la EICTV creó “una isla dentro de la isla” en los momentos más aciagos del período especial, convirtió una comunidad rural de los campos habaneros en uno de los más grandes sets de filmación que haya podido existir jamás, y permitió crear un sentido de pertenencia a todos los que fuimos cobijados por su impronta y que perdura a lo largo de décadas.

Es verdad que ya la Escuela no es la misma, y con la partida física de Birri y el resto de los padres fundadores del nuevo cine latinoamericano respetar el legado fundacional pudiera ser incierto. El discurso de inauguración o Acta de Nacimiento de la Escuela Internacional de Cine y Televisión en 1985 como “central productiva de energía creativa para imágenes audiovisuales” es una pieza poética de antología y una declaración de principios bajo la cual todos -alumnos y profesores- nos atrincheramos.

Recordaré esa impronta irreverente y excéntrica que lo caracterizó siempre, sobre todo cuando descubrí que a principios de la década de los 50 del pasado siglo, al volver a Santa Fe en su natal Argentina, luego de haber hecho estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, comenzó a filmar y debutó en el Festival de Cannes con un mediometraje documental que ostenta el récord del título mas largo dado jamás a un filme:

“Vera historia de la primera fundación de Buenos Aires como también de varias navegaciones de muchas partes desconocidas, islas de reinos, también de muchos peligros, peleas y escaramuzas, tanto por tierra como por mar, que nunca han sido descriptos en otras historias o crónicas, extraídos del libro ‘Viajes al río de La Plata’, original del soldado alemán Ulrico Schmidl, miembro de la expedición capitaneada por don Pedro de Mendoza, quien publicó por primera vez estas memorias, bien anotadas para utilidad pública en la ciudad de Francfort el año 1567”

y que se conoce como “La primera fundación de Buenos Aires”, de 1959.

También lo recordaré siempre por “Tire die”, ese hermoso documental suyo que nos sigue lastimando en el recuerdo con la cara de esos niños pobres que corren con las manos estiradas hacia el tren para que le den una limosna de sobrevida.

Vendrán a mi memoria el cariño y la sonrisa que despertaba a su paso en los pasillos y aulas de la Escuela y cómo, siempre que volvía, su espíritu embrionario renacía.

Y cómo no permitía que se le encajara en ningún molde. Ante la pregunta de un periodista: ¿Cómo le gusta definirse: documentalista, realizador de cine de ficción, poeta?,  su aguda respuesta: “Somos lo que somos en los ojos de los otros.”

Así, Birri retornará a mi memoria completamente disfrazado para actuar -siendo director del centro- en los cortometrajes del alumno que se lo pidiese, incluso cuando implicaba desnudarse y caminar hasta el comedor con los testículos colgándole casi hasta la rodilla, sin complejos de ninguna naturaleza. Porque así demostraba que era libre, y nos enseñaba con su propio ejemplo lo que significa esa palabra, además de que “hasta la desnudez es hermosa”.

Así, libre en alma y cuerpo, con dos alas gigantes, se nos va Birri, ese ángel real que quería una celebración el día de su muerte. Una fiesta en su nombre.

Por eso lo recuerdo con alegría, en medio de la tristeza que me embarga.

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