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Cuba es el país invitado al Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona

La representación cubana a la 17ª edición del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona (Barcelona International LGTIB Film Festival) tiene mucho de la sangre joven y desenfadada que caracteriza al audiovisual en la isla de ahora mismo.

Tomado del sitio oficial del evento.

La 17ª edición del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona tiene a Cuba como país invitado, y se celebrará del 19 al 29 de septiembre en la Filmoteca de Catalunya, así como en la Cinema Catalunya Terrassa y la Albèniz Plaça, con una variada programación que incluye 60 títulos de 26 países.

En el caso de Cuba, para empezar por lo más largo, la película que precisamente inaugura el evento es “Santa y Andrés” (Carlos Lechuga, 2016), la cual nos acerca a una historia de intolerancias y prejuicios no solo de índole sexual sino social, política, sobre la cual se erige (lo más importante) una singular historia de amor. Dos personajes ricamente conformados que se integran a la galería de ilustres seres humanos en nuestro cine.

Otro largo, pero es ta vez en el género documental es “Villa Rosa” (Lázaro G. González, 2016) , que nos ubica en Caibarién, humilde poblado de pescadores al norte del país, en el cual se organiza un carnaval acuático por parte de la activa comunidad gay residente allí , oportunidad que aprovechó el joven director, apoyado sobre el guión de Nelson Breijo, para investigar y revelar criterios y experiencias de muchos de esos lugareños acerca de su vida en el sitio, que según la trans Roxana Rojo (diva allí) se tiñe de rosa —color que, como se sabe, es símbolo internacional del homoerotismo— durante el evento.

En realidad la indagación trasciende el hecho puntual para abordar el asunto mucho más allá del contexto, partiendo de los diversos puntos de vista que, según las personas llamadas a concurso, sus profesiones y niveles culturales, van tejiendo un mapa de la diversidad sexual, su historia(macro y micro) y accidentes, desde lo específico-local a lo nacional.

Los pequeños filmes prosiguen este sendero de indagación en identidades alternativas, disidentes: “Luxemburgo”  (Fabián Suárez, 2016) sigue la relación  fallida entre un hombre obeso, gay y soñador, y un guardia de seguridad de la primera fábrica de McDonalds en Cuba. Machismo, doble moral y homofobia teñida de pragmatismo e insensibilidad, caracterizan este acercamiento a una zona de la sociedad cubana, sin dejar de apuntar a aspectos universales.

Por último, el corto documental “Batería” (Damián Sainz, 2016) visita desde la cámara el interior de una antigua fortaleza militar en ruinas, en las afueras de La Habana, adonde acuden homosexuales, no solo en busca de sexo, sino también de un refugio detrás de sus muros y escombros. Estimable ensayo sociocultural que aboga por el testimonio no solo a nivel de imagen sino también sonoro, para trazar una cartografía de espacios representativos de la periferia a la que es relegada la comunidad diversexual en Cuba, abocada no solo a la marginalidad sino al peligro, a pesar de lo cual muchos logran erigir un digno y hasta hermoso refugio.

Aunque se trata apenas de un botón de muestra (también literalmente, pues muchos de estos filmes se agrupan dentro de la llamada Muestra Joven ICAIC) lo que en esta edición del Festival Internacional de Cine Gay y Lésbico de Barcelona puede apreciarse respecto al audiovisual cubano contemporáneo, resulta elocuente de los intereses de no pocos realizadores acerca de la diversidad sexual y sus peculiares aristas y desarrollo en la mayor de las Antillas.

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