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Nicanor y las crónicas del cine cubano

© Héctor Garrido

Este artículo es reproducido con la autorización de su autor Fernando Ravsberg, y aparece en su sitio “Cartas desde Cuba”.

Nicanor anda preocupado porque en su barrio corren rumores de que el gobierno cubano se está poniendo de acuerdo con un jeque árabe para venderle Cuba. Mientras jugaba dominó y bebía ron con unos amigos de un solar cercano, se enteró de que ofrecen U$D 5 mil millones por la isla.

“Dominó”, el corto número 13 de Eduardo del Llano, mete a su conocido personaje en el dilema de la desinformación que vive el cubano medio, que poco y nada conoce sobre el acontecer de su país, sobre los negocios que se hacen con empresarios extranjeros o los que se dejan de hacer.

El debate sobre la oferta árabe se puebla de preguntas: ¿venderán la isla vacía o con nosotros dentro?, ¿tendremos que abandonar la Santería y convertirnos al Islam?, ¿si la venden vacía a donde iríamos a vivir?, ¿a cuánto tocaría por cabeza si repartieran los U$D 5 mil millones?

Incluso surge una teoría de la conspiración: temen que la tenebrosa mano negra de la CIA esté detrás del jeque y de su interés por el archipiélago. ¿Será una nueva estrategia del “enemigo” para apoderarse de Cuba pacíficamente, tras medio siglo de infructuosos intentos violentos?

Como todos los cortos de Eduardo, este tiene el mensaje envuelto en clave de humor con lo cual se hace digerible para todo público. Sin embargo, toca temas de fondo que trasladan al espectador de la risa a la tristeza sin escala y a veces se llega a vivir ambos sentimientos al mismo tiempo.

Fotograma de uno de los cortometrajes sobre Nicanor, de Eduardo del Llano

La vida de Nicanor, encarnado brillantemente por Luis Alberto García, es tan compleja como la del cubano de a pie, el que lucha cada día para mantener el equilibrio entre la dignidad que necesita su espíritu para estar en paz consigo mismo y el pragmatismo que le permite sobrevivir.

Para algunos el personaje puede parecer un “perdedor” pero para otros, incluyéndome a mí, resulta un ser entrañable, ejemplo del cubano que nunca logró convertirse en “el hombre nuevo”, que había sido centralmente proyectado, pero que se ha transformado en un ser humano mejor.

Él es quien se levanta de la mesa de dominó, indignado y con lágrimas en los ojos, porque no acepta que ningún multimillonario venga a comprar su nación, mientras los demás jugadores de dominó lo apoyan con una cuestionable mescolanza de frases de próceres independentistas cubanos.

Las cosas llegan al clímax cuando todos concuerdan en que deben actuar y se preguntan qué podrían hacer para impedir que se produzca la anunciada venta de Cuba. Tras unos segundos de dramática meditación individual todos deciden cambiar de tema y seguir jugando dominó.

Algunos cortos de Nicanor son inolvidables como Mount Rouge, donde es visitado por dos agentes de la seguridad para ponerle micrófonos en su casa, o Tormenta de ideas, que muestra la dependencia que existe en las direcciones de los medios de prensa respecto al aparato de censura.

© Raquel Pérez

En sus filmes Eduardo del Llano logra reunir a algunos de los mejores actores cubanos a pesar de que se realizan con poquísimos recursos -mayormente donaciones de amigos- y no dejan ninguna ganancia posterior porque, a pesar de ser muy populares, la comercialización es nula.

Las instituciones culturales cubanas tienen poco dinero y, además, los cortos de Eduardo no son muy bien vistos por algunos de sus dirigentes. Desde el exterior tampoco llegan ofertas ¿será porque Nicanor nunca busca ayuda extranjera para resolver los problemas de Cuba?

Estos cortometrajes marcan una continuidad del cine cubano como el gran cronista de una Cuba que casi nunca aparece en la prensa. Un cine que refleja desde la persecución de los homosexuales hasta el florecimiento de una burocracia tan privilegiada como perversa.

Dentro de 100 años nadie podrá entender la historia de la Revolución Cubana sin recurrir al cine, a las películas de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), a los Noticieros ICAIC de Santiago Álvarez, a las obras de los jóvenes realizadores actuales y también a estos cortos de del Llano.

Y, sin embargo, el cine cubano languidece hoy en un limbo entre el pasado y el futuro, entre lo que fue y lo que debe ser para sobrevivir.

Atrapado en manos de instituciones incapaces de seguir impulsándolo, pero que se niegan a reconocer su independencia y la mayoría de edad de los creadores.

Foto de portada: © Hector Garrido

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